Hace no mucho, sólo lo suficiente para
pensar lo rápido que pasa el tiempo, escribía en un ordenador parecido a
este frases enamoradizas, romanticonas y llenas de ilusión a un
desconocido interesante en el que sabía que podía encontrar, y que
encontraría, aquello que buscaba.
Citas a media mañana,
mañanas enternas en las que no llegaba la hora de la comida y medios
días en los que sólo quería estar en ese viejo bar del pueblo para,
entre sonrisas y miradas al espejo, hablar durante una corta y rápida
hora sobre cosas vanales, intrascendentales o simplemente
insignificantes que permitieran descubir una pequeña parte de ese
misterio que se escondía en ti.
Hoy, lejos de olvidar esos
momentos sólo encuentro ganas para estar al lado de aquel desconocido
que cada día me intriga, me sorprende o me llena de alegría.
Sabiendo
que no todo es bonito ni maravilloso, que no todo son sonrisas y gestos
de adoración, lejos caer en cuentos de hadas, en sueños de princesas y
de magia inexplicable, soy consciente de lo complicado que es conocer y
sobre todo aceptar lo que no nos es habitual, diferente o contrario a
nuestras ideas iniciales.
A
pesar de ello, hoy y cada día
siguen creciendo esas ganas impredecibles de besar, tocar y acaricier
cada parte de tu cuerpo, de sentirte, escucharte y mirarte y sobretodo
de aprender a cada instante de lo que tenemos. Y sí, de lo bueno y de lo
que no soportamos, de lo bonito y de las discusiones, los enfados y los
gritos.
Y sabes por qué? Porque como dijimos ayer Te Quiero y Te
Quiero por como eres no por como pueda creer que eres ni por como lo que crea o
quiera que puedas llegar a ser.
Te adoro por ser tú, por ser así y por hacer de mi un poquito más.
Falte lo que falte da igual el tiempo, lo serás mañana y lo eras ayer, un principe real, poco romático vale, pero real.
Simplemente mi equilibrio.